ES NAVIDAD…Y DESPUÉS. *** UNA VEZ VIVÍ *** MACARENA ***

MACARENA

Autor: P. Antonio Rivero, L.C.

En general, la Navidad toma la encarnación del Verbo de Dios en la parte más descomprometida e infantil. Es un niño quien ha nacido. Y un niño no dice cosas serias. Este Niño Dios no ha dicho todavía “Sed perfectos”, ni “sepulcros blanqueados”, ni “vende tus bienes y sígueme” ni “Yo soy la Verdad y la Luz”. Todavía está callado este niño. Y nos aprovechamos de su silencio para comprarle el Amor barato, a precio de villancicos y panderetas.

En el día de la Encarnación todos vuelven la vista hacia Belén, como en día de sol radiante se refugian todos a la sombra del alero. Los más complicados Góngoras hacen versillos de claveles y auroras, con melodía pastoril. Los más escolásticos y abstractos Calderones, escriben para la fiesta diálogos de Mengas y Pascuales. San Juan de la Cruz, que ha volcado hasta los umbrales del divino desposorio, en una Nochebuena sale de su celda como un loquillo de atar, meciendo al Niño en sus brazos, bailando y cantando una cancioncilla de amores aldeanos:

“Si amores me han de matar ¡agora tienen lugar!”

En esa Nochebuena no intuimos el tremendo compromiso que adquirimos los humanos. Como es un Niño el que nos ha nacido, no percibimos la Ley y el Compromiso serio, que nos trae debajo de su débil brazo. En torno a un niño todo parece ser cosa de juego y de algarabía. ¿También con el Niño Dios?

No; no puede ser la Navidad subterfugio y evasiva de la Encarnación. No es la fiesta de un derretimiento pueril y pasajero. Es la fiesta de un exigente amor varonil y total.

Vienen ya de camino Magos de Oriente que le van a quitar al portal todo el aspecto de fiesta de familia. Los magos no son ya pastores con cantarcillos, con requesón, manteca y vino. Son sabios y poderosos y científicos y extranjeros que vienen aleccionados por la astronomía. No vienen a pactar una noche de tregua de trinchera a trinchera: vienen a exigir las últimas consecuencias de la Paz prometida a todos los hombres. Vienen a hacer de Belén, la aldea de la Encarnación, la primera ciudad plenamente internacional del planeta. Vienen a ver si realmente ha nacido un rey que traiga la verdadera paz, la justicia auténtica y el amor sin componendas.

¿Hemos entendido esto del todo?… ¿A qué nos compromete la Encarnación del Hijo de Dios? ¿Qué nos quiere decir a nosotros hoy la Encarnación?

A Belén se acercarán este año:

El Papa, llevándole a Jesús todas las luces y sombras, las alegrías y las tristezas de la Iglesia.

Los obispos y sacerdotes de todo el mundo, llevando a sus espaldas sus diócesis y parroquias, sus movimientos y grupos, para regalárselos a Jesús.

Religiosos y religiosas, con sus corazones consagrados y sus ansias de seguirle en pobreza, castidad y obediencia.

Misioneros y misioneras, dispuestas a aprender las lecciones de esa cátedra de Belén.

Laicos, admirados o indiferentes, despiertos y somnolientos, santos y pecadores, sanos y enfermos, jóvenes y adultos, niños y ancianos.

¿Entenderemos todos lo que allí, en Belén, se juega? ¿Nació en cada uno de nosotros, ese Niño Dios?

Navidad no son las luces de colores, ni las guirnaldas que adornan las puertas y ventanas de las casas, ni las avenidas engalanadas, ni los árboles decorados con cintas y bolas brillantes, ni la pólvora que ilumina y truena.

Navidad no son los almacenes en oferta. Navidad no son los regalos que demos y recibimos, ni las tarjetas que enviamos a los amigos, ni las fiestas que celebramos. Navidad no son Papá Noel, ni santa Claus, ni los Reyes Magos que traen regalos. Navidad no son las comidas especiales. Navidad no es ni siquiera el pesebre que construimos, ni la novena que rezamos, ni los villancicos que cantamos alegres.

Navidad es Dios que se hace hombre como nosotros porque nos ama y nos pide un rincón de nuestro corazón para nacer. Por eso, ser hombre es tremendamente importante, pues Dios quiso hacerse hombre. Y hay que llevar nuestra dignidad humana como la llevó el Hijo de Dios Encarnado. Por eso, Navidad es tremendamente exigente porque Dios pide a gritos un hueco limpio en nuestra alma para nacer un año más. ¿Se lo daremos?

Navidad es una joven virgen que da a luz al Hijo de Dios. Por eso, dar a luz es tremendamente importante a la luz de la Encarnación, porque Dios quiso que una mujer del género humano le diese a luz en una gruta de Belén. Tener un hijo es tremendamente comprometedor, pues Jesús fue dado a luz por María. No es lo mismo tener o tener un hijo; no es lo mismo querer tenerlo o no tenerlo. Navidad invita al don de la vida, no a impedir la vida.

Navidad es un niño pequeño recostado en un pesebre. Por eso es tan tremendamente importante ser niño, y niño inocente, al que debemos educar, cuidar, tener cariño, darle buen ejemplo, alimentarle en el cuerpo y en el alma como hizo María. Y no explotar al niño, y no escandalizar a los niños, y no abofetear a los niños, y no insultar a los niños.

Navidad son ángeles que cantan y traen la paz de los cielos a la tierra. Por eso, es tremendamente importante hacer caso a los ángeles, no jugar con ellos a supersticiones y malabarismos mágicos, sino encomendarles nuestra vida para que nos ayuden en el camino hacia el cielo y hacerles caso a sus inspiraciones. Por eso es tremendamente importante ser constructores de paz y no fautores de guerras.

Navidad son pastores que se acercan desde su humildad, limpieza y sencillez. Por eso, es tremendamente importante que no hagamos discriminaciones a nadie, y que si tenemos que dar preferencia a alguien que sean a los pobres, humildes, ignorantes. Quien se toma en serio la Encarnación del Hijo de Dios tiene que dar cabida en su corazón a los más desvalidos de la sociedad, pues de ellos es el Reino de los cielos.

Navidad es esa estrella en mi camino que luce y me invita a seguirla, aunque tenga que caminar por desiertos polvorientos, por caminos de dudas cuando desaparece esa estrella. La Encarnación me compromete tremendamente a hacer caso a todos esos signos que Dios me envía para que me encamine hacia Belén, siguiendo el claroscuro de la fe.

Navidad es anticipo de la Eucaristía, porque allí, en Belén, hay sacrificio y ¡cuán costoso!, y banquete de luz y virtudes, y ¡cuán surtidas las virtudes de Jesús que nos sirve desde el pesebre: humildad, obediencia, pureza, silencio, pobreza; y las de María: pureza, fe, generosidad y las de José: fe, confianza y silencio!, y Belén es, finalmente, presencia que consuela, que anima y que sonríe. Belén es Eucaristía anticipada y en germen. Belén es tierra del pan y ese pan tierno de Jesús necesitaba cocerse durante esos años de vida oculta y pública, hasta llegar al horno del Cenáculo y Calvario. Y hasta nosotros llega ese pan de Belén en cada misa. Y lo estamos celebrando en este año dedicado a la Eucaristía.

Navidad es ternura, bondad, sencillez, humildad. Por eso, meterse en Belén es tremendamente comprometedor, pues Dios Encarnado sólo bendice y sonríe al humilde y sencillo de corazón.

Navidad es una luz en medio de la oscuridad. Por eso, la Encarnación es misterio tremendo que nos ciega por tanta luz y disipa todas nuestras zonas oscuras. Meterse en el portal de Belén es comprometerse a dejarse iluminar por esa luz tremenda y purificadora.

Navidad es esperanza para los que no tienen esperanza. Por eso, la Encarnación es misterio tremendo que nos lanza a la esperanza en ese Dios Encarnado que nos viene a dar el sentido último de nuestra vida humana.

Navidad es entrega, don, generosidad. Dios Padre nos da a su Hijo. María nos ofrece a su Hijo. Por eso, quien medita en la Encarnación no puede tener actitudes tacañas.

Navidad es alegría para los tristes, es fe para los que tienen miedo de creer, es solidaridad con los pobres y débiles, es reconciliación, es misericordia y perdón, es amor para todos. ¿Entendemos el tremendo compromiso, si entramos en Belén?

Ya desde el pesebre pende la cruz. Es más, el pesebre de Belén y la cruz del Calvario están íntimamente relacionados, profundamente unidos entre sí. El pesebre anuncia la cruz y la cruz es resultado y producto, fruto y consecuencia del pesebre. Jesús nace en el pesebre de Belén para morir en la cruz del Calvario. El niño débil e indefenso del pesebre de Belén, es el hombre débil e indefenso que muere clavado en la cruz.

El niño que nace en el pesebre de Belén, en medio de la más absoluta pobreza, en el silencio y la soledad del campo, en la humildad de un sitio destinado para los animales, es el hombre que muere crucificado como un blasfemo, como un criminal, en la cruz destinada para los esclavos, acompañado por dos malhechores.

En su nacimiento, Jesús acepta de una vez y para siempre la voluntad de Dios, y en el Calvario consuma y realiza plenamente ese proyecto del Padre.

¡Qué unidos están Belén y Calvario!

El pesebre es humildad; la cruz es humillación. El pesebre es pobreza; la cruz es desprendimiento de todo, vaciamiento de sí mismo. El pesebre es aceptación de la voluntad del Padre; la cruz es abandono en las manos del Padre. El pesebre es silencio y soledad; la cruz es silencio de Dios, soledad interior, abandono de los amigos. El pesebre es fragilidad, pequeñez, desamparo; la cruz es sacrificio, don de sí mismo, entrega, dolor y sufrimiento.

Ahora sí hemos vislumbrado un poco más el misterio de Belén, el misterio de la Navidad, el misterio de este Dios Encarnado.

¿Castañuelas, panderetas y zambombos? ¡Bien! Pero no olvidemos el compromiso serio de este Dios Encarnado pues en cuanto comience a hablar nos va a pedir: “Niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme”. Entonces nos darán ganas de tirar a una esquina la pandereta, las castañuelas y comenzar a escuchar a ese Dios Encarnado que por amor a nosotros toma la iniciativa de venir a este mundo, para enseñarnos el camino del bien, del amor, de la paz y de la verdadera justicia.

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Modestamente añado: que en Navidad, al asistir en Noche Buena a un nuevo cumpleaños del Amado Niño, es natural acudir con alegría y emoción, no está mal la mesa servida con mimo, las panderetas, la música, los villancicos, la familia reunida compartiendo la feliz llegada. Hasta alguna lágrima que escapa queriendo abrazar a quienes no tenemos a nuestro lado. Más sin olvidar el verdadero significado, ha nacido un Niño, es nuestro Salvador, su Madre con infinita humildad, día a día nos acerca a EL, intercede ante El en todas nuestras plegarias. Dulce Madre María.

Hoy es el día después, ruego que constantemente vibre nuestro corazón con el mismo Espíritu Navideño, con la misma Fe, la misma entrega, sabiéndonos seguros pues descansamos en su AMOR infinito.

Bendiciones en paz y bien. Todo en Jesús por María.

Maricarmen
26/12/09

MACARENA

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INVOQUE A MARÍA, LA ESTRELLA DEL MAR *** MACARENA ***

¡Invoque a María, la estrella del mar!

“Y el nombre de la Virgen era María” (Luc. 1,27). Hablemos un poco de este nombre que significa, según dicen, Estrella del mar y que conviene maravillosamente a la Virgen Madre… Ella es verdaderamente espléndida estrella que se debía levantar sobre la inmensidad del mar, toda brillante por sus méritos, radiante por sus ejemplos.
¡Oh tú, quien quiera que seas, que te sientes lejos de la tierra firme, arrastrando por las olas de este mundo, en medio de las borrascas y tempestades, si no quieres zozobrar, no retires los ojos de la luz de esta estrella!
Si el viento de las tentaciones se levanta, si el escollo de las tribulaciones se interpone en tu camino mira a la estrella, invoca a María.
Si eres sacudido por las olas del orgullo, de la ambición, de la maledicencia, de la envidia, mira a la estrella, invoca a María.
Si la cólera, la avaricia, los deseos impuros sacuden la frágil embarcación de tu alma, levanta los ojos hacia María.
Si, turbado por el recuerdo de la enormidad de tus crímines, confuso a la vista de las torpezas de tu conciencia, aterrorizado por el miedo del Juicio, comienzas a dejarte arrastrar por el torbellino de la tristeza, a despeñarte en el abismo de la desesperación piensa en María.
En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María.
Que su nombre nunca se aparte de tus labios, jamás abandone tu corazón y para alcanzar el socorro de su interseción, no negligencíes los ejemplos de la vida.
Siguiéndola, no te desviarás; rezando a Ella, no desesperarás; pensando en Ella evitarás el error.
Si Ella te sostiene no caerás; si Ella te protege, nada tendrás que temer; si Ella te conduce, no te cansarás, si Ella te es favorable, alcanzarás el fin.
Y así verificarás por tu propia experiencia, con cuanta razón fue dicho: “Y el nombre de la Virgen era María”.

Parroquia María Inmaculada. Florida

Párroco: Santiago Iturbide-

Maricarmen
MACARENA

QUERIENDO… LLEGAR A TI…*** MACARENA *** UNA VEZ VIVÍ ***

QUERIENDO…LLEGAR A TI

Iré queriendo… desenredar las horas,
las fui uniendo en eslabones del amor
quizá en desmedro de generosidad;
quise acaparar avariciosa y frágil,
entrañables perlas de felicidad.
Hice amalgamas con ternuras
entrelazadas con gotas de dolor,
por eso es, qué siento, que es hora
de alivianar el equipaje, y no después…
de todos modos quedan impresas
en cada partícula del incorpóreo ser.
Voy a soltar y compartir la dicha,
puede que evite, que trasunte el pesar,
suelen confundirse los sentimientos
y el alma les permita equívocos volar.
Más… es sólo un balance del pensamiento
pues bien se sabe, que no prima la razón
cuando mañana, al despuntar el día,
continúe en pura y obstinada porfía
queriendo… acaparar en mis sentidos,
el maravilloso tesoro…de horas encendidas
en luces de esperanza y ensoñación, del hoy…

Maricarmen

MACARENA

TU NACIMIENTO ES MI LUZ *** UNA VEZ VIVÍ *** MACARENA ***

TU NACIMIENTO ES MI LUZ

Naciste del sublime regazo de una mujer
y en su sencillez se gestó el milagro,
cada Navidad es Tu cumpleaños.
Compartimos festejos, mi amado Niño
tu sabes, la mesa, el brindis, los besos,
el vacio sitio que ocupan ausencias
de felices almas que viven en ti.
Todos unidos, sin medir distancias
gozamos la gloria de tu nacimiento,
y Tu, sonriendo, bendición de Luz.
Voy a vestirme de azul,
la más tierna estrella
ha de iluminar mi pecho
y, en el instante de recogimiento
voy a acunarte en mis tímidos brazos
y con muy queda, sentida oración,
te diré te amo, perdón Dulde Niño
por ser con tu vida nuestra redención.
Voy de su mano a tu encuentro
sendero luminoso de ansiado fin.

Maricarmen

MACARENA